Disfagia (Abordaje práctico de la disfagia orofaríngea)

Disfagia (Abordaje práctico de la disfagia orofaríngea)
La disfagia tiene una gran prevalencia entre la población anciana. Se estima que el 15% de las personas mayores de 65 años sufre disfagia y la incidencia en residencias geriátricas ha sido estimada en un 40%.
 
La disfagia se define como la dificultad para tragar o deglutir alimentos o bebidas. No es una enfermedad sino un síntoma y, como tal, suele ir asociada a otros síntomas a los que se suele prestar mayor atención, mientras la disfagia queda desatendida. Puede ser debida a la dificultad para preparar el alimento, formar un correcto bolo y desplazarlo hasta el fondo de la boca, o por una descoordinación neuromuscular que impide que el alimento pase correctamente por el esófago hasta el estómago.
 
La disfagia puede tener consecuencias graves sobre el estado de salud de la persona que la sufre y puede causar deshidratación, pérdida involuntaria de peso y/o malnutrición, infecciones y neumonías, mayor riesgo de contraer alguna enfermedad y fiebre sin causa aparente.
 
El 47% de los pacientes que han sufrido accidente vascular cerebral puede padecer disfagia en algún momento. En la enfermedad de Parkinson, la prevalencia se sitúa en el 52%. Las demencias, entre las que destaca la enfermedad de Alzheimer, cursan con disfagia en el 25% de los casos. El 60% de personas con esclerosis múltiple padece disfagia y, en muchas ocasiones, es el síntoma con el que debuta la enfermedad.